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Así han evolucionado las prestaciones de los SSD en los últimos años


Los discos SSD pronto serán más comunes que los HDD. En parte, debido a la bajada drástica de su precio, pero también por las prestaciones que ofrecen frente a los discos clásicos. Sin embargo, la SSD no es una tecnología nueva. Lleva, al menos en el laboratorio, desde 1950. ¿Qué ha pasado en los últimos años para que hayan mejorado tanto las prestaciones de los SSD?

¿Qué es un disco duro SSD?

Un disco duro SSD (Solid State Drive) es una alternativa a los discos duros tradicionales (HDD) en los que almacenar información en memorias flash interconectadas entre sí. Este cambio ya presenta ventajas importantes en sí mismo, como una mayor estabilidad frente a golpes, una mayor velocidad y una menor latencia. Además, pesan mucho menos.

Es por ello por lo que algunos portátiles pensados para la movilidad diaria, como el Acer Swift 5, hacen uso de discos SSD PCIe de alta velocidad. Con una capacidad de 512 GB —suficiente para cualquier tipo de uso, incluso con grandes archivos como fotografía, vídeo o diseño—, son ligeros, pequeños y ofrecen unas prestaciones de lectura y escritura ideales.

¿Cuándo se inventaron los discos SDD?

La tecnología SDD no es de este siglo. Ya en 1950, la tecnología de núcleo magnético y la de almacenamiento de solo lectura (PROM, del inglés programmable read-only memory) se combinaron para dar lugar a las primeras unidades SDD. Por supuesto, como objetos de estudio y de laboratorio. Nadie podía pagarlas y no solucionaban ningún problema real.

Evolución de la capacidad de almacenamiento y precio

El primer disco duro SSD comercializable data de 1978. Aquel primer modelo, el STC 4305, era siete veces más rápido que las unidades HDD del momento, pero su capacidad de 45 MB costaba entonces 400.000 dólares. Un par de añosa después, a principios de 1980, se vendieron los primeros discos con módulos de estado sólido de 20 MB.

Tras aquello, surgieron las primeras propuestas SSD basadas en flash (las que se usan actualmente). En 1991, un SSD de 20 MB se vendía por 1.000 dólares. Seguía siendo inasumible para el usuario medio, y para casi todas la empresas. Sin embargo, el precio no ha dejado de caer desde entonces mientras han ido aumentando las prestaciones.

Si a principios de 2013 adquirir 1 TB de capacidad SSD suponía desembolsar unos 2.500 dólares, a mediados de 2020 la cifra caía en torno a los 200 dólares. Todo parece indicar que podría caer por debajo de los 100 dólares en la próxima década. Es más, se espera que hacia 2026 adquirir un SSD sea más barato que un HDD porque los discos clásicos no tienen tanta inversión detrás.

Nuevas capacidades con cada generación

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Las primeras SSD no se parecen en nada a las que se usan en la actualidad. De hecho se han abandonado varias líneas de investigación con muy poco recorrido, como las memorias de semiconductores para supercomputadoras de los 70, que apenas tuvieron una validez de nueve años.

A lo largo de más de cinco décadas se han cambiado materiales, arquitectura, puertos, sistemas de fabricación o protocolos, entre otros elementos, haciendo irreconocibles las unidades SSD que se usan hoy respecto a las teorizadas en 1950. Y, con ello, se han incrementado notablemente las prestaciones.

Algunas de estas prestaciones son la capacidad demostrada de 15 GB/s en lectura en 2019 frente a los 50 MB/s de 2007; o los 0,045 milisegundos de demora en el acceso registrados en 2020 en comparación con los 0,5 milisegundos de 2007.

En los últimos años, las prestaciones M.2/NVMe han dado un nuevo impulso a este tipo de tipo de discos. Y, con todas estas mejoras, parece que a los HDD les queda poco recorrido. Su ventaja, la capacidad de almacenamiento, se ve cada vez más reñida.

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Imágenes | iStock/Andrii Atanov, iStock/Bet_Noire

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Alma Landri

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